Aragón y Labordeta

Para muchos aragoneses Labordeta es Aragón.

ara1La publicación en 1974 del disco Cantar i callar supuso sacar a la luz Aragón. Unos meses antes el concierto (“recital” se llamaba entonces) “fundacional” de la canción aragonesa, celebrado en el Teatro Principal de Zaragoza ya había dado suficientes indicios de que aquí estaba pasando algo y solo faltaba un elemento que lo catalizara.

Y ese elemento fue su voz, que se fundió con los anhelos de la mayoría porque sus palabras decían lo que todos queríamos oír. Hablar del agua, de la emigración, de la despoblación suponía enganchar con los sentimientos más íntimos de quienes tenían aún reciente su llegada a las ciudades procedentes del medio rural, donde habían dejado parte de su vida, y con todos aquellos que éramos conscientes de los problemas reales de Aragón, todos los que pensábamos que “desde tiempos a esta parte íbamos camino de nada.”

Pero lo mejor de todo es que su voz, sus palabras, no eran meras consignas o palabras huecas, sino que formaban parte de un discurso plenamente articulado. Un discurso pensado desde las tierras turolenses con Eloy Fernández Clemente, de donde saldría un proyecto de renacimiento de Aragón al que se unieron todos los que tenían algo que decir y del que hoy todavía bebemos: la canción popular, Andalán o el PSA.

Tres hitos que ya no están, pero que han dejado chitos suficientes que ponen al día los pensamientos, las ilusiones y las esperanzas de aquellos precursores. Dura y larga tarea en la que no reblan los que vienen detrás.

Labordeta es Aragón en sus canciones, en su literatura, en su docencia, en el periodismo o en la política. Sus canciones hablan del territorio y las gentes; su literatura, siendo intimista, hace reconocible el espacio en que se desarrolla; sus intervenciones en los medios de comunicación tenían siempre presentes las dos premisas que guiaron su vida pública: la libertad y Aragón.

Tal vez sea su faceta de político la que en los últimos años más caló en la gente. Era la voz de Aragón en Madrid. Tenía ideas, coraje, un buen equipo y sobre todo credibilidad.

Su forma de ver y entender Aragón están presentes en varias generaciones. El Aragón de hoy no se entiende sin la aportación de José Antonio Labordeta.